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Cuánto cuesta un concurso de acreedores

martes 29 de septiembreActualizado el sábado 10 de octubreHablar por WhatsApp

Son tres partidas, no una

Cuando alguien pregunta cuánto cuesta un concurso está pensando en una factura. En realidad son tres cosas distintas, y solo una la decide el abogado.

La primera es la preparación y la defensa: el trabajo de abogado y procurador, desde que se estudia si hay que concursar hasta que termina el procedimiento. La segunda es la administración concursal, que la nombra el juzgado y cobra con un arancel fijado por norma, calculado sobre el activo y el pasivo. La tercera son los gastos del propio procedimiento: tasas si las hay, publicaciones, peritos cuando hacen falta.

La administración concursal no se negocia y no la elige el deudor. Eso sorprende a mucha gente: se cuenta con el abogado y se olvida una partida que puede pesar tanto o más.

Quién cobra primero: los gastos del propio concurso

Los gastos necesarios para solicitar y tramitar el concurso, incluida la retribución de la administración concursal, son créditos contra la masa. Eso quiere decir que se pagan con preferencia, antes que la deuda que la empresa arrastraba de antes.

Por eso importa llegar al concurso con algo de activo. Si la caja y los bienes alcanzan para pagar el procedimiento, el concurso puede hacer su trabajo: vender bien, reclamar lo que haya que reclamar y repartir. Si no alcanzan, el procedimiento se queda corto desde el principio.

La retribución de la administración concursal la fija el juez aplicando el arancel. Ni el deudor la pacta ni la elige. Lo que sí se puede hacer es estimarla con el balance delante antes de presentar nada.

De qué depende el importe

Del tamaño del activo y del pasivo
El arancel del administrador concursal se calcula sobre esas dos cifras. Una empresa con un almacén y treinta acreedores no cuesta lo mismo que un autónomo con tres.
De si hay actividad que continúe
Mantener la empresa abierta durante el concurso da trabajo todos los meses: nóminas, contratos, proveedores. Liquidar y cerrar es otro escenario.
De si hay despidos
Un expediente de regulación dentro del concurso es un procedimiento propio, con sus plazos y su negociación.
De si alguien pelea la calificación
Si se abre la pieza de calificación y se discute si el concurso es culpable, hay un juicio dentro del concurso.
De lo ordenada que esté la contabilidad
Llegar con los libros al día y los contratos localizados acorta semanas de trabajo. Llegar sin nada las añade.

Qué se paga en cada vía

El concurso ordinario no es el único camino, y cada vía tiene un coste distinto.

En el concurso ordinario están las tres partidas completas: abogado y procurador, administración concursal y gastos del procedimiento. Es la vía más cara, y la que corresponde a las empresas por encima de los umbrales de microempresa.

En el procedimiento especial para microempresas la tramitación es electrónica, con formularios oficiales, y está pensada para que haya menos intervinientes. El nombramiento de un profesional por el juzgado no es la regla en todos los casos, y eso cambia mucho la cuenta.

En un plan de reestructuración, antes del concurso, no hay administración concursal. Lo que se paga es el diagnóstico, la preparación del plan, la negociación y, si hace falta, la homologación judicial y el experto en reestructuración cuando se nombra.

Y para una persona física, la segunda oportunidad tiene su propio coste, según se vaya por plan de pagos o por liquidación.

Cuando no hay ni para pagar el concurso

Es más habitual de lo que parece: se llega tan tarde que no queda activo ni para cubrir los gastos del propio procedimiento. La ley lo prevé —es el llamado concurso sin masa, el que la calle conoce como concurso exprés— y tiene una tramitación propia, mucho más corta, con publicación para que los acreedores puedan pedir que se nombre administración concursal si ven algo que perseguir.

No es una buena noticia. Significa que se ha esperado hasta agotar la caja, y eso pesa cuando se examina la conducta del administrador. Cuanto antes se mira, más opciones hay de elegir por dónde salir en vez de que lo decida el calendario.

El coste que no sale en el presupuesto

Hay una cuenta que no aparece en ninguna factura. Si el administrador no solicita el concurso en los dos meses siguientes a conocer, o deber conocer, la insolvencia actual, la ley presume, salvo prueba en contrario, que hubo dolo o culpa grave. Con un concurso culpable puede llegar la inhabilitación y, cuando el concurso acaba en liquidación, la condena a cubrir con su patrimonio la parte de la deuda que no se pague.

Comparado con eso, lo que cuesta un concurso preparado a tiempo es la parte pequeña del problema. Lo explicamos en concurso culpable: consecuencias para el administrador.

Qué llevar para que le den una cifra real

El último balance y las últimas cuentas
Para estimar el arancel de la administración concursal y ver el tamaño del procedimiento.
La lista de acreedores
Cuántos son, cuánto se debe a cada uno y con qué garantía. No es lo mismo diez acreedores que doscientos.
La plantilla
Si hay trabajadores y si va a hacer falta un expediente colectivo dentro del concurso.
Los bienes
Inmuebles, maquinaria, vehículos, existencias y lo que le deben a la empresa, con sus cargas.
Los pleitos abiertos
Demandas, embargos y reclamaciones en marcha, que pueden acabar dentro del concurso.
Lo que se quiere hacer
Seguir con la actividad, vender la unidad productiva o cerrar. Cada escenario tiene su coste.

Errores que encarecen el concurso

Comparar solo los honorarios
La cifra del despacho es una de tres. Un presupuesto que no habla de la administración concursal ni de los gastos está incompleto.
Gastar la caja antes de concursar
Pagar a unos acreedores con lo último que queda deja el procedimiento sin fondos y, además, se revisa después.
Llegar con la contabilidad atrasada
Reconstruirla es trabajo que alguien cobra, y una contabilidad irregular pesa en la calificación.
Esperar a que lo pida un acreedor
En el concurso necesario se llega sin preparar y sin elegir el momento, y el deudor suele perder la gestión de sus bienes.
Elegir la vía por el precio
El procedimiento más barato no sirve si no es el que corresponde o si no resuelve el problema del administrador.

Preguntas frecuentes

¿Lo paga la empresa o el administrador?

Lo paga la empresa, con cargo a la masa. Otra cosa es que después se discuta la responsabilidad del administrador, que es un asunto distinto y con consecuencias propias.

¿Se puede saber el coste antes de empezar?

El del despacho, sí: se cierra por escrito antes de nada. El del administrador concursal se puede estimar con el balance delante, porque el arancel es reglado.

¿Sale más barato esperar?

Al revés. Esperar reduce el activo, aumenta la deuda y empeora la calificación. El coste no baja: sube, y además se pierden opciones.

¿Y si somos una microempresa?

Hay un procedimiento especial más sencillo y más barato para empresas por debajo de ciertos umbrales de plantilla y de volumen de negocio o pasivo. Lo primero es ver si se encaja en él.

Qué hacemos nosotros

Miramos el balance, la deuda y el calendario, y le decimos qué opciones tiene de verdad: si cabe un acuerdo, si toca comunicar al juzgado la apertura de negociaciones, si hay que solicitar concurso y en qué plazo. Con el presupuesto cerrado por escrito y las partidas separadas, para que sepa qué paga a quién.

Para seguir leyendo

Si lo que quiere saber es cuánto tiempo va a estar abierto el procedimiento, lo contamos en cuánto dura un concurso de acreedores. Si todavía no sabe si está obligado a concursar, empiece por cuándo hay que solicitar el concurso.

Para un presupuesto con las partidas separadas, escríbanos con el último balance y la lista de acreedores.