Son tres partidas, no una
Cuando alguien pregunta cuánto cuesta un concurso está pensando en una factura. En realidad son tres cosas distintas, y solo una la decide el abogado.
La primera es la preparación y la defensa: el trabajo de abogado y procurador, desde que se estudia si hay que concursar hasta que termina el procedimiento. La segunda es la administración concursal, que la nombra el juzgado y cobra con un arancel fijado por norma, calculado sobre el activo y el pasivo. La tercera son los gastos del propio procedimiento: tasas si las hay, publicaciones, peritos cuando hacen falta.
La administración concursal no se negocia y no la elige el deudor. Eso sorprende a mucha gente: se cuenta con el abogado y se olvida una partida que puede pesar tanto o más.
Quién cobra primero: los gastos del propio concurso
Los gastos necesarios para solicitar y tramitar el concurso, incluida la retribución de la administración concursal, son créditos contra la masa. Eso quiere decir que se pagan con preferencia, antes que la deuda que la empresa arrastraba de antes.
Por eso importa llegar al concurso con algo de activo. Si la caja y los bienes alcanzan para pagar el procedimiento, el concurso puede hacer su trabajo: vender bien, reclamar lo que haya que reclamar y repartir. Si no alcanzan, el procedimiento se queda corto desde el principio.
La retribución de la administración concursal la fija el juez aplicando el arancel. Ni el deudor la pacta ni la elige. Lo que sí se puede hacer es estimarla con el balance delante antes de presentar nada.
De qué depende el importe
Qué se paga en cada vía
El concurso ordinario no es el único camino, y cada vía tiene un coste distinto.
En el concurso ordinario están las tres partidas completas: abogado y procurador, administración concursal y gastos del procedimiento. Es la vía más cara, y la que corresponde a las empresas por encima de los umbrales de microempresa.
En el procedimiento especial para microempresas la tramitación es electrónica, con formularios oficiales, y está pensada para que haya menos intervinientes. El nombramiento de un profesional por el juzgado no es la regla en todos los casos, y eso cambia mucho la cuenta.
En un plan de reestructuración, antes del concurso, no hay administración concursal. Lo que se paga es el diagnóstico, la preparación del plan, la negociación y, si hace falta, la homologación judicial y el experto en reestructuración cuando se nombra.
Y para una persona física, la segunda oportunidad tiene su propio coste, según se vaya por plan de pagos o por liquidación.
Cuando no hay ni para pagar el concurso
Es más habitual de lo que parece: se llega tan tarde que no queda activo ni para cubrir los gastos del propio procedimiento. La ley lo prevé —es el llamado concurso sin masa, el que la calle conoce como concurso exprés— y tiene una tramitación propia, mucho más corta, con publicación para que los acreedores puedan pedir que se nombre administración concursal si ven algo que perseguir.
No es una buena noticia. Significa que se ha esperado hasta agotar la caja, y eso pesa cuando se examina la conducta del administrador. Cuanto antes se mira, más opciones hay de elegir por dónde salir en vez de que lo decida el calendario.
El coste que no sale en el presupuesto
Hay una cuenta que no aparece en ninguna factura. Si el administrador no solicita el concurso en los dos meses siguientes a conocer, o deber conocer, la insolvencia actual, la ley presume, salvo prueba en contrario, que hubo dolo o culpa grave. Con un concurso culpable puede llegar la inhabilitación y, cuando el concurso acaba en liquidación, la condena a cubrir con su patrimonio la parte de la deuda que no se pague.
Comparado con eso, lo que cuesta un concurso preparado a tiempo es la parte pequeña del problema. Lo explicamos en concurso culpable: consecuencias para el administrador.
Qué llevar para que le den una cifra real
Errores que encarecen el concurso
Preguntas frecuentes
¿Lo paga la empresa o el administrador?
Lo paga la empresa, con cargo a la masa. Otra cosa es que después se discuta la responsabilidad del administrador, que es un asunto distinto y con consecuencias propias.
¿Se puede saber el coste antes de empezar?
El del despacho, sí: se cierra por escrito antes de nada. El del administrador concursal se puede estimar con el balance delante, porque el arancel es reglado.
¿Sale más barato esperar?
Al revés. Esperar reduce el activo, aumenta la deuda y empeora la calificación. El coste no baja: sube, y además se pierden opciones.
¿Y si somos una microempresa?
Hay un procedimiento especial más sencillo y más barato para empresas por debajo de ciertos umbrales de plantilla y de volumen de negocio o pasivo. Lo primero es ver si se encaja en él.
Qué hacemos nosotros
Miramos el balance, la deuda y el calendario, y le decimos qué opciones tiene de verdad: si cabe un acuerdo, si toca comunicar al juzgado la apertura de negociaciones, si hay que solicitar concurso y en qué plazo. Con el presupuesto cerrado por escrito y las partidas separadas, para que sepa qué paga a quién.
Para seguir leyendo
Si lo que quiere saber es cuánto tiempo va a estar abierto el procedimiento, lo contamos en cuánto dura un concurso de acreedores. Si todavía no sabe si está obligado a concursar, empiece por cuándo hay que solicitar el concurso.
Para un presupuesto con las partidas separadas, escríbanos con el último balance y la lista de acreedores.